viernes, 7 de agosto de 2009

La meditación podría ser el gran ejercicio para la mente



Clarín - Buenos Aires 23/06/2009

Transpirar en los gimnasios, correr tras el personal trainer y otros recursos de ese tipo son estrategias que se emplean para tener un mejor aspecto físico, músculos más grandes y un cuerpo más armónico. ¿Pero hay alguna gimnasia que podamos implementar para hacer crecer nuestro cerebro? Según una reciente investigación la meditación podría ser un buen ejercicio para la mente.

Este es el hallazgo de un grupo de investigadores de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA), EE.UU. Los científicos usaron técnicas de imágenes de resonancia magnética de alta resolución para escanear el cerebro de personas que estaban meditando. El estudio, que fue publicado recientemente en la revista científica Neuroimage, señala que ciertas regiones del cerebro de las personas que hace tiempo se dedicaban a meditar eran más grandes que las de quienes no lo hacían. Las personas que meditaban mostraron tener volúmenes significativamente más grandes en el hipocampo y en áreas de la corteza órbito frontal, el tálamo y la circunvolución temporal inferior, todas regiones que -según se sabe- intervienen en la regulación de las emociones.

Más estabilidad

La investigación se hizo en el Laboratorio de Neuroimágenes de la UCLA, líder en el desarrollo de algoritmos computacionales y enfoques científicos para la comprensión y el mapeo de las distintas estructuras cerebrales y sus funciones. Eileen Luders, autora principal del trabajo, dice que las personas que meditan habitualmente tienen una particular habilidad para desarrollar emociones positivas, más estabilidad emocional y un comportamiento más consciente. La idea de Luders y su equipo es que las diferencias que observaron en los cerebros de las personas que meditan respecto de las que no lo hacen podrían explicar esas habilidades excepcionales.

Este estudio confirma aspectos beneficiosos de la meditación. Además de tener una mejor concentración y control sobre sus emociones, quienes meditan habitualmente tienen menos estrés y sistemas inmunológicos más fuertes. No obstante, hasta el momento no se conocía mucho sobre los vínculos entre la meditación y la estructura del cerebro.

Práctica habitual

Luders y sus colegas examinaron 44 personas; 22 practicaban diversas formas de meditación (Zazen, Samatha y Vipassana, entre otras) y las otras 22, no. El tiempo que habían ocupado en la práctica iba de los cinco a los 46 años, con un promedio de 24 años realizando meditación en forma habitual, y una dedicación diaria de 10 a 90 minutos. Más de la mitad de los que meditaban dijeron que la concentración es esencial en la práctica.

Además de imágenes de alta resolución y tridimensionales, los investigadores emplearon dos metodologías distintas para medir las diferencias en las estructuras cerebrales. En un caso dividieron al cerebro en varias regiones de interés, que les permitió comparar el tamaño de ciertas estructuras cerebrales. Por otro lado, segmentaron al cerebro en diferentes clases de tejidos, que les permitió comparar la cantidad de materia gris que había en regiones específicas del cerebro.

Notables diferencias

Los resultados indicaron que quienes meditaban tenían volúmenes más grandes en ciertas regiones del cerebro comparados con quienes no lo hacían. Esto incluía mayores volúmenes en el lado derecho del hipocampo y más cantidad de materia gris en la corteza órbito frontal, el lado derecho del tálamo y la zona izquierda inferior del lóbulo temporal. En cambio, en quienes no meditaban no hallaron regiones del cerebro con volúmenes más grandes o mayor cantidad de materia gris.

Falta descubrir

Lo que aún no se sabe y requiere más investigaciones para dilucidarse es qué correlaciones específicas hay en el nivel microscópico: es decir, si quienes meditan tienen un mayor número de neuronas y con un tamaño más grande, o si desarrollan un patrón particular de conexiones entre esas células del cerebro.

Un aspecto a tener en cuenta es que no fue un estudio longitudinal (no se siguió a quienes meditaban desde el momento en que habían comenzado a hacerlo). Por ese motivo, podría ser posible que estas personas ya hubieran tenido antes de comenzar a meditar regularmente regiones de su cerebro con mayor tamaño y más materia gris, y que este hecho las hubiera llevado a dedicarse a la meditación.

Sin embargo, esta hipótesis no es probable, según los investigadores, ya que numerosos estudios previos han dejado en claro que el cerebro cuenta con una plasticidad muy destacable y que distintas influencias ambientales pueden enriquecerlo produciendo cambios en su estructura.

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