viernes, 26 de febrero de 2010

Desechando lo desechable por Marciano Durán

Seguro que el destino se ha confabulado para complicarme la vida. No consigo acomodar el cuerpo a los nuevos tiempos.
O por decirlo mejor: no consigo acomodar el cuerpo al “use y tire” ni al “compre y compre” ni al “desechable”.
Ya sé, tendría que ir a terapia o pedirle a algún siquiatra que me medicara.
Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los gurises.
Los colgábamos en la cuerda junto a los chiripás; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.
Y ellos… nuestros nenes… apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales).
¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!
Sí, ya sé… a nuestra generación siempre le costó tirar.
¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables!

Y así anduvimos por las calles uruguayas guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.
¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor.
Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra.
Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto.
Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plast de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de alpaca en el cajón de los cubiertos!
Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida.
¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.
¡Nos están jodiendo!
¡¡Yo los descubrí… lo hacen adrede!!
Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo.
Nada se repara.
¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommier casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se deshecha y mientras tanto producimos más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!
¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de 50 años!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)
No existía el plástico ni el nylon.
La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan.
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.
De por ahí vengo yo.
Y no es que haya sido mejor.
Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el “guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo” pasarse al “compre y tire que ya se viene el modelo nuevo”.
Mi cabeza no resiste tanto.
Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.
Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya sí era un nombre como para cambiarlo)
Me educaron para guardar todo.
¡Toooodo!
Lo que servía y lo que no.
Porque algún día las cosas podían volver a servir.
Le dábamos crédito a todo.
Sí… ya sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no.
Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas de jardinera… y no sé cómo no guardamos la primera caquita.
¡¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?!
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones.
El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.
Y guardábamos.
¡¡Cómo guardábamos!!
¡¡Tooooodo lo guardábamos!!
¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!
¡¿Cómo para qué?!
Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares.
Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.
¡Tooodo guardábamos!
Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus.
Y las cosas que nunca usaríamos.
Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón.
Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar.
Cañitos de plástico sin la tinta, cañitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.
Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraran al terminar su ciclo, los uruguayos inventábamos la recarga de los encendedores descartables.
Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de paté o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.
¡Y las pilas!
Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa.
Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más.
No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables… eran guardables.
¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al cuadril!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque del Banco de Seguros para hacer cuadros, y los cuentagotas de los remedios por si algún remedio no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.
Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posamates, y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de cartas se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía “éste es un 4 de bastos”.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal.
Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos.
Así como hoy las nuevas generaciones deciden “matarlos” apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada… ni a Walt Disney.
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron “Tómese el helado y después tire la copita”, nosotros dijimos que sí, pero… ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.
Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos.
Las primeras botellas de plástico -las de suero y las de Agua Jane- se transformaron en adornos de dudosa belleza.
Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.
No lo voy a hacer.
Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.
Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero.
No lo voy a hacer.
No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.
No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.
De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.
Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo que la bruja me gane de mano … y sea yo el entregado.
Y yo…no me entrego.

Marciano Durán

2006 Enero

En http://www.marcianoduran.com.uy

Agradezco amplia y cumplidamente a Marciano Durán por haberme sacado del error de atribuir este texto a su compatriota E. Galeano.

jueves, 25 de febrero de 2010

Neurotransmisores, ligados al proceso amoroso: especialista


A mayor serotonina, la persona es más conservadora; si dopamina, es aventurera; si testosterora, calculadora y si hay exceso de estrógenos, negociadores. 

Emir Olivares
Publicado: 25/02/2010 16:31

México, DF. El amor es un proceso químico complejo que no entra por la vista, sino por el olfato. Los humanos –al igual que muchas especies— despiden corporalmente sustancias químicas, sobre todo en la entrepierna y las axilas, que generan atracción o repulsión hacia otros, por lo que el enamoramiento es en principio “un instinto netamente animal”, señalaron especialistas universitarias.
Sin embargo, no basta con hacer química para que una relación amorosa funcione.
Georgina Montemayor, de la Facultad de Medicina de la UNAM, explica que se ha descubierto que los temperamentos (generados por una mayor presencia de neurotransmisores en el cerebro) están ligados al proceso amoroso.
Las personas con presencia mayoritaria de serotonina son conservadoras, la dopamina los hace aventureros, la testosterona calculadores y si hay exceso de estrógenos son negociadores.


martes, 23 de febrero de 2010

Dormir una siesta mejora las habilidades mentales

 
Periódico La Jornada
Martes 23 de febrero de 2010, p. 2
San Diego, 22 de febrero. Dormir una siesta no sólo renueva el cerebro sino que también mejora las habilidades mentales, según un estudio revelado en la conferencia anual de la Asociación Estadunidense para el Avance de la Ciencia (AAAS, por sus siglas en inglés), celebrada el fin de semana en San Diego, California. El sueño tiene efectos reparadores tras un prolongado periodo de vigilia, pero también aumenta las capacidades neurocognitivas en comparación con las que existían antes de dormir, dijo el domingo Matthew Walker, profesor de sicología de la Universidad de Berkeley y principal autor de estos estudios. Para este estudio fueron examinados 39 adultos jóvenes divididos en dos grupos, uno de los cuales durmió una siesta y el otro no. Al mediodía, todos los participantes fueron sometidos a ejercicios mentales dirigidos principalmente a activar el hipocampo, una región del cerebro que ayuda a almacenar la información. Los resultados de la investigación apoyan la hipótesis de que el sueño es necesario para borrar la memoria a corto plazo en el cerebro y hacer espacio para la nueva información, dijo Walker.

domingo, 14 de febrero de 2010

MAHATMA GANDHI - CÓMO ERAN SUS PLEGARIAS

Mi Señor,
Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.
Si me das fortuna, no me quites la razón. Si me das éxito, no me quites la humanidad. Si me das humildad, no me quites la dignidad.
Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla, no me dejes culpar de traición a los demás por no pensar igual que yo.
Enséñame a querer a la gente como a mí mismo.
No me dejes caer en el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso. Más bien, recúerdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo. Enséñame que perdonar es un signo de grandeza y que la venganza es una señal de bajeza.
Si me quitas el éxito, déjame fuerzas para aprender del fracaso.
Si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme y si la gente me ofende, dame valor para perdonar.

¡SEÑOR, SI YO ME OLVIDO DE TI, NUNCA TE OLVIDES DE MÍ!

Mahatma Gandhi

viernes, 5 de febrero de 2010

Oumou Sangaré - Seya



La cantante maliense Oumou Sangaré acaba de editar su quinto álbum titulado Seya, después de un periodo de silencio de más de cinco años, cosa habitual en la diva, ya que desde que apareció su primera grabación, Moussolou, allá por 1990, ha espaciado excesivamente para sus fans las grabaciones en estudio. Por otro lado esta característica tan africana de hacer las cosas pausadamente, es una garantía de que el resultado final es de una calidad excepcional, como confirma la escucha de estas 11 canciones basadas en la tradición de la música Wassoulou, aunque con muchas influencias de las culturas de etnias vecinas. Valga como ejemplo el sorprende uso de los tambores sabar usados por los wolof en el tema "korolo" o las maravillosas cuerdas que aparecen en "donso", recordando esa unión de la música negra con la gnawa árabe. Los arreglos más elaborados de lo habitual en la obra de la cantante que proliferan a lo largo de algunas piezas, como la que da título al álbum y que se puede ver y oír en el vídeo insertado arriba, acercan a las orejas occidentales el lenguaje armónico de la escala pentatónica usada por la maliense, por cierto en esta canción su ritmo es el mbalax senegalés. Todo esto da un carácter universal a la música de la Sangaré, una voz potente y a la vez delicada que te envuelve como un guante de terciopelo. Una producción inpoluta y muy cuidada acompaña a la grabación gracias al prestigioso sello inglés Wold Circuit, con el que la cantante lleva trabajando desde hace mucho tiempo.

No voy a extenderme más en la descripción de este extraordinario álbum. El que quiera escucharlo puede pasar directamente al enlace que aparece al final de este artículo y descargarlo. Grandes entendidos ya se han ocupado de él antes que yo, creando una polémica que no supera algo más que pequeña escaramuza interna, pero que hace aparecer una pequeña sonrisa por la comisura de mis labios. Me refiero a los artículos de Carlos Galilea y Diego Manrique aparecidos ambos en el diario "El País", donde los dos popes de la música escriben desde hace años además de compartir trabajo como funcionarios en la radio nacional. Ambos comentan desde sus puntos de vista este trabajo. Galilea desde el formal que ofrece la discográfica, con todos los tópicos, aunque ciertos, que Oumou genera.

Oumou Sangare, reina de África

"Creció en la miseria y de niña actuaba con su madre en bodas y bautizos. Hoy es artista y empresaria y lleva veinte años celebrando a la mujer negra. Ahora publica un canto a la libertad de su continente: "Despertad, mujeres, bailemos" sigue


Manrique desde su gran experiencia en el mundo del rock pero poco conocimiento de la idiosincrasia africana.

Vuelven los nobles salvajes

El locutor está presentando Seya, el nuevo disco de Oumou Sangaré. Con tono reverencial, repite unas declaraciones de la diva de Malí: "Los malienses vivimos en la pobreza pero somos felices: tenemos mucha vida espiritual". Me quedo tan, tan noqueado que no soy capaz de tomar nota de las palabras exactas. Intento imaginar el escándalo si la frase viniera de un músico estadounidense, un turista alemán o, vaya, un administrador colonial francés. Pero lo dice una cantante popular, que cuenta con público internacional gracias al sello londinense World Circuit. Cuya literatura promocional enfatiza su éxito como business woman. Su empresa, Oum Sang, gestiona un hotel e importa vehículos 4 - 4: "Ella es un modelo para las mujeres malienses, un símbolo del orgullo nacional" sigue.


Lo mejor, y aplicable a todos, es la frase con que se despide el director de radio 3 refiriéndose a algunos bocazas roqueros. "Calla la boca y vuelve a lo que sabes hacer". Así que siguiendo este sabio consejo volveré a lo que mejor se me da: hacer nada.

En: http://www.crisoldemusicas.com/2009/03/oumou-sangare-seya.html