domingo, 25 de abril de 2010

Pedagogía negra

El pensamiento de la psicóloga Alice Miller

Eleonor Wauquier

CUANDO se habla de maltrato, uno imagina niños golpeados, con marcas y moretones: la violencia visible. Alice Miller ataca a la otra violencia, la que es alentada por la educación, la religión y la moral. La autora nació en 1923 en Polonia pero creció y estudió en Suiza. Obtuvo doctorados en filosofía, psicología y sociología en 1953 en Basilea. En 1986 fue galardonada con el premio Janusz Korczak por la Liga Antidifamación, escribe desde la década de los 80 y su último libro, de 2007, es Salvar tu vida.

YO ACUSO. Su modo sistemático de culpar a los padres es lo que no le permite a Miller el éxito mediático absoluto. El miedo de acusar a éstos impide el acceso a la verdad, que molesta y choca a pesar de su poder liberador. Según esta autora, la violencia sobre el niño lleva a la violencia global, sobre todo considerando que se golpea a los niños en los primeros años de sus vidas, cuando se construye el cerebro. Un estudio americano demostró que los niños golpeados tienen un cociente intelectual más bajo que los demás, y que el maltrato físico daña la parte del cerebro destinada a la empatía. En un principio, la situación es fácil de comprender: el niño no está autorizado a defenderse de la violencia de sus padres y debe suprimir y reprimir reacciones que son naturales a la agresión como el enojo o la angustia. Pero el perdón según la autora no hace sino enmascarar la realidad. El cuerpo no se deja engañar y esa contradicción conduciría en forma inevitable al sufrimiento.

Miller afirma que el cuarto mandamiento de la Biblia conduce a enfermedades físicas: "es la represión de los sentimientos auténticos lo que nos enferma, los reprimimos por miedo". También denuncia al psicoanálisis porque vuelve al niño culpable de sus "deseos impulsivos", y acusa a Freud por estar del lado de los padres y no de la verdad.

Miller escucha al cuerpo que susurra lo que ocurrió, con sufrimientos y adicciones como la toxicomanía, la depresión, la anorexia, etc. Esas enfermedades serían expresiones codificadas de las experiencias unidas en la infancia, pero inconscientes por miedo a los padres, porque ser consciente de la responsabilidad de los padres (que Miller compara al régimen de la dictadura) conduce a acusarlos.

EUFEMISMOS. No sólo estas declaraciones son muy discutibles, sino que la autora es muy polémica en cuanto a sus declaraciones sobre el "papel devastador de la educación, de su labor destructora de la vitalidad y del peligro que supone para la sociedad". La educación se vuelve un acoso a la vitalidad, los niños tienen una tolerancia ilimitada hacia la pedagogía negra de sus padres, incurren en un mutismo que dura los dos primeros años de vida en los que no pueden vengarse ni reaccionar a las "ofensas o humillaciones".

"La antigua práctica de la mutilación física, explotación y acoso del niño por el adulto parece haber sido sustituida cada vez más, en los tiempos modernos, por una forma de crueldad espiritual que, además, ha podido ser mitificada tras el benévolo término de `educación`". La autora refiere a tecnicismos o eufemismos que usan los educadores y traduce lo que realmente significan: paliza: "castigo corporal", humillación: "educación", tutela: "guía hacia el bien". Para ella, "la máscara de la amabilidad ayuda a ocultar aún mejor la crueldad del tratamiento".

Para sostener sus polémicos puntos, Miller refuta a varios educadores. Pero la argumentación suena a falacia, porque muchos de los que nombra o cita son escritos de hace más de cuatrocientos años. Sulzner, un educador, dice que "un niño acostumbrado a obedecer a sus padres se someterá también con gusto a las leyes y normas de la razón cuando sea dueño y señor de sus actos, pues ya estará habituado a no actuar según su propia voluntad. Esta obediencia es tan importante que, a decir verdad, toda la educación no es otra cosa que el aprendizaje de la obediencia". Sulzner no hace sino llamar al mutismo y Miller recurrir a ejemplos extremos.

A pesar de estos polos, se puede deducir que una parte del ser humano no quiere recordar nada desagradable de su niñez, ni sacar a la luz hechos violentos porque el niño desarrolla un comportamiento destinado a agradar al que lo rodea, con o sin maltrato, porque necesita alimento, protección y cuidados para sobrevivir.

PSICOHISTORIAS. A partir de su primer libro El drama del niño dotado, 1979, Miller se basó en la psicohistoria para analizar a personajes como Virginia Woolf, Kafka (que defiende por reflejar el maltrato en novelas metafóricas) y otros, encontrando traumas de su niñez.

Tener una enfermedad mental, caer en sectas o cometer un crimen deriva de haber padecido la pedagogía negra. Ese término aparece por primera vez en Por tu propio bien, donde cuenta cómo Hitler o el asesino en serie Bartsch tomaron partido por sus padres, por su propio bien, como una manera de defensa.

Los padres serían entonces los culpables de la neurosis y de la psicosis de la humanidad, vengándose ad infinitum de sus propios padres: "los motivos del castigo corporal siguen siendo los mismos: los padres luchan por recuperar en su hijo el poder que ellos perdieron frente a sus propios progenitores". Los golpes no llevan a nada: el niño no hace caso porque entienda lo que le piden, sino que hace lo que le dicen para no recibir más golpes. No recordar es también una defensa, así como la sublimación, la transformación de energía negativa en arte. Las psicobiografías de Dostoievski, Chéjov, Schiller, Rimbaud, Mishima, Proust y James Joyce son parte de El cuerpo nunca miente, verdaderas revelaciones sobre mentes brillantes que hicieron que la obra de Miller, aunque exagerada y polémica, fuera traducida a 30 idiomas.

Madre de dos hijos adultos, Miller confiesa que ella fue maltratada en su infancia, lo que no sorprende al lector. Ya le ha escrito cartas al Papa y al Cardenal Lustinger, pero no ha recibido sino respuestas evasivas. En una entrevista, dijo que con sus teorías siente como si estuviera "recomendando una receta para un plato extraño y exótico". Es decisión del lector probarlo, pero hay que avisar que es un plato gratuitamente fuerte que puede caer mal.

POR TU PROPIO BIEN, Raíces de la violencia en la educación del niño, de Alice Miller. Barcelona, 2006. 278 págs.

EL CUERPO NUNCA MIENTE. Barcelona, 2006. 207 págs.

SALVAR TU VIDA. La superación del maltrato en la infancia. Buenos Aires, 2009. 344 págs.

EL DRAMA DEL NIÑO DOTADO y la búsqueda del verdadero yo. Barcelona, 2008. 176 págs. (Todas en la edición de Ensayo Tusquets, distribuidas por Urano).
Llanto prohibido

J.B. Basedow

"AHORA BIEN, si una vez aplicado el castigo persiste el dolor un rato, resulta antinatural prohibir de inmediato los llantos y los gemidos. Pero si los castigados quieren vengarse recurriendo a esos fastidiosos ruidos, lo primero que ha de hacerse es distraerlos asignándoles pequeñas tareas o actividades. Si esto no surtiera efecto, es lícito prohibir el llanto y castigar la transgresión hasta que al final del nuevo castigo cese el lloriqueo".

(en Methodenbuch für Vater und Mütter der Familien und Völker, 1773, citado por Alice Miller).

En: http://www.elpais.com.uy/Suple/Cultural/10/04/23/cultural_483507.asp

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