lunes, 21 de julio de 2014

10 SORPRENDENTES PROPIEDADES Y USOS CASEROS DEL VINAGRE


Desde milenios atrás el vinagre ha sido utilizado como remedio para varios males. Aquí una lista de los beneficios de esta sustancia.



Cuenta la leyenda que Cleopatra una vez disolvió una perla en vinagre y bebió la solución. Nunca sabremos si ocurrió o no, pero no sería extraño que la reina supiera sobre las propiedades benéficas del vinagre. 

Desde 5 mil antes de Cristo los babilonios usaban el vinagre como condimento y conservador y antes del coctel de Cleopatra, Hipócrates conocía las cualidades medicinales del vinagre. De hecho el Instituto del Vinagre afirma que es uno de los primeros remedios existentes.

Antes el vinagre se extraía de melazas, sorgo, frutas, miel, cerveza, jarabe de maple, papas, malta e incluso heno, pero actualmente se toma de la sidra de manzana.

1. Refresca tu aliento

Hacer buches de vinagre de cidra mezclado con agua, reduce el mal aliento.

2. Alivia el reflujo

Tomar una o dos cucharaditas de vinagre diario alivia el reflujo ácido. Contrario a lo que muchos creen, el reflujo ácido en la mayor parte de las personas ocurre por falta de ácido y no por exceso de éste.

3. Alivia el estrés gastrointestinal

La diarrea causada por una infección bacteriana puede remediarse con vinagre debido a las propiedades antibióticas de éste. Algunos expertos sugieren que la pectina en el vinagre puede ayudar a calmar los espasmos intestinales.

4. Previene la indigestión

Si planeas comer mucho podrías tomar una cucharadita de vinagre mezclada con una de miel disueltas en agua tibia, 30 minutos antes de la comida.

5. Detiene el hipo

Si quieres detener el hipo y eres osado, tómate una cucharada de vinagre.

6. Suaviza la garganta inflamada


Cuando sientas los primeros signos de garganta inflamada, intenta uno de estos métodos. Mezcla ¼ de taza de vinagre con agua caliente y haz gárgaras cada hora o mezcla una cucharada de vinagre en agua caliente con una cucharada de miel y tómatelo.



7. Controla la comezón

Moja un algodón con vinagre y pásalo sobre la picadura y calma la comezón.

8. Disminución de niveles de glucosa en la sangre

De todos los usos del vinagre, tal vez uno de los más importantes es la reducción de los niveles de glucosa en la sangre. Dos cucharadas de vinagre antes de dormir ayudan a disminuir la glucosa en la mañana de 4 a 6%.

9. Disminución de colesterol y presión en la sangre

Todavía no se sabe si funciona en humanos pero varios experimentos con ratas mostraron que el vinagre es benéfico para bajar el colesterol y la presión sanguínea elevada.

10. Perder peso

Un estudio hecho en 2005 encontró que las personas que comían una pieza de pan con pequeñas cantidades de vinagre se sentían más llenas que aquellos que no comían con vinagre.

Remedio de jengibre y cúrcuma para tratar la artritis

Antiinflamatorio natural que protege las articulaciones

La artritis es una de las enfermedades más frecuentes que afecta las articulaciones y que es dolorosa. Por ello, si sufres de esta enfermedad que mejor que tener a mano un remedio natural de jengibre y cúrcuma que actúa como antiinflamatorio natural que protege dichas articulaciones del desgaste.
Dentro de las enfermedades rematoideas, la artritis es una de las más comunes. El dolor que provoca se debe a la degradación de los cartílagos que normalmente protegen la articulación. Si el cartílago se desgasta se produce el roce entre los hueso, provocando inflamación y dolor. 
Para evitar que esto suceda puedes contar con remedios naturales que reduzcan los síntomas propios de esta enfermedad, como por ejemplo el remedio de jengibre y cúrcuma. Ambos productos tienen propiedades antiinflamatorias y analgésicas.

Receta de infusión de jengibre y cúrcuma
Ingredientes
  • 1 litro de agua.
  • 1 ½ cucharada de jengibre.
  • 1 cucharada de cúrcuma.
Preparación
  • . Coloca a hervir el agua y una vez que rompa el hervor añade la cúrcuma y el jengibre.
  • Deja hervir por 5 minutos, apaga el fuego y deja reposar por 20 minutos.
  • Cuela y bebe hasta 3 tazas de dicha infusión por día.
Incluso si lo deseas, puedes añadirle una cucharadita de canela que también tiene poder antiinflamatorio.

Esta infusión también es apta como remedio natural para aquellos deportistas que necesitan un antiinflamatorio natural por algún tipo de lesión muscular u ósea
Tanto el jengibre como la cúrcuma son dos plantas medicinales muy utilizadas en la medicina oriental, tanto en la medicina china como en la medicina india, ya que sus propiedades analgésicas y antiinflamatorias se conocen desde la antigüedad, y que hoy día son reconocidos por diferentes investigaciones científicas.

Ten presente que estas plantas medicinales también se pueden utilizar como condimentos, por lo tanto puedes incluirlos a tu dieta de otra forma, mezclados con cereales integrales, sopas, ensaladas, etc.

Recuerda que, este remedio natural no es apto para mujeres embarazadas o en periodo de lactancia. Por otro lado, no olvides que este remedio natural no reemplaza a los tratamientos tradicionales, sino que los complementa. Por ello, ante de consumirlo consulta con tu médico especialista.

viernes, 18 de julio de 2014

Contra el dolor

Fabriqué un arma contra la angustia y el miedo. Repasé en silencio las tramas de algunas novelas. Me las conté como si otra persona las hubiera leído y se las contara a un desconocido. Recordé en un flamazo mis años universitarios.

Desperté en un camastro bajo sábanas calientes, una mascarilla de oxígeno en la cara y la tristeza anestésica de que esa nube no era un sueño. Cuando el sueño dura suficiente para perturbarnos, se llama realidad. Un ajetreo de afanadores y médicos, camillas y enfermeras. No tenía dolor. Encontré un sobre a mí lado. Lo abrí sin saber y leí lo que decía, recuerdo algunas palabras, las necesarias: carcinoma de vejiga, dos tumores de .8 milímetros, biopsia. Nadie supo que lloré en la camilla, despacio, en silencio mientras el oxígeno de la mascarilla me regresaba a ese lugar del que intenté escapar en los últimos días. Me había mudado a un mundo raro, el mundo de la enfermedad.
Tres días en el hospital, una eternidad. Una sonda metida en el pito desembocaba en una bolsa por la cual manaban restos de la sangre de la intervención, orina, una corriente, río rojo. Visitas y más visitas, voces de ánimo y una voz interior: voy a morirme. Pedí Tafil casero para dormir. Una familia, una red protectora; amigos, un respaldo. Las noches de esos días postoperatorios dormí poco y mal. Las enfermeras te despiertan si duermes y desaparecen si estás despierto. A las cinco y media de la mañana vi el amanecer desde mi cama de canceroso sobre la Ciudad de México. Un horizonte rojizo y azul sobre una nube sucia de humos venenosos me aliviaba de la oscuridad, pero le abría la puerta a la tristeza.
Una de esas tres noches fabriqué un arma contra la angustia y el miedo. Repasé en silencio las tramas de  algunas de las novelas que marcaron mi vida de lector. Me las conté como si otra persona las hubiera leído y se las contara a un desconocido. Las ilusiones perdidas de Balzac; El rojo y el negro de Stendhal;Por el camino de Swann de Proust. Sí, desde luego Madame BovaryLos miserables de Hugo.
Recordé en un flamazo mis años universitarios en la carrera de Letras Francesas. La sombra del fracaso enquistada en el alma durante ese tiempo donde todo estaba por encima de mí. Soy un expulsado, pensé, el mundo me expulsa. Raro que no trajera poemas a la noche sino tramas narrativas; los buenos lectores saben poemas de memoria y yo sé pocos, por eso no los llamé en la oscuridad.
Ficción y realidad. Cuando se pasa esa frontera, a uno u otro lado, todo puede ocurrir. Esa misma noche, después de las tramas que reproduje en mi mente de forma desordenada, me acordé que en agosto de 1850, Víctor Hugo tomó un coche y le ordenó al chofer que se dirigiera a la calle Fortunée, domicilio conocido de la última casa donde vivió Honoré de Balzac. El novelista se consumía en los dolores de una enfermedad a la que combatieron sin esperanza cuatro médicos durante tres meses. Primero fue el corazón, luego una peritonitis, más tarde una flebitis y por último la gangrena en una pierna. Los médicos habían recurrido a sangrarle el vientre en un último esfuerzo por curarlo, pero ese día de agosto decidieron renunciar y entregar a la muerte el cuerpo de 51 años del novelista mayor de Francia.
Hugo tocó dos veces en el portón. Una mujer lo acompañó por el corredor que conducía a uno de los salones:
—Se está muriendo —le dijo.
—Los médicos lo abandonaron desde ayer. Esta mañana un cura le dio la extremaunción.
En el salón en tinieblas, apenas iluminado por una bujía, Hugo vio el busto de mármol de Balzac, los cuadros de Pourbus y Holbein. Laure de Surville, la hermana del enfermo, le confirmó lo que le había dicho la sirvienta y lo llevó por el corredor, hasta las escaleras, para subir a la habitación del moribundo.
Unos días antes de esa noche final, tendido en la cama de muerte, Balzac le ordenó a su hermana, Laure de Surville: “Traigan a Bianchon, él puede curarme”. El doctor Horace Bianchon nunca llegó; no encontró la salida de ninguna de las veintinueve novelas balzacianas en las que apareció como una marca de agua. Por esta estricta razón, Horace Bianchon no pudo salvarle la vida a Balzac, su creador.  No era la primera vez que el poder fabulador del Emperador de la Novela confundía la realidad y la ficción; en París se había hecho famosa su fórmula a favor de la fábula, cuando se hablaba de la vida francesa y la conversación se atoraba en vueltas contradictorias, Balzac decía: “Volvamos a la realidad, hablemos de Eugenie Grandet”. Bien pensado todos tenemos una cita imposible con Bianchon. Por cierto, Carlos Puig sabe que he gastado esta anécdota hasta convertirla en polvo, un polvo no enamorado como quiso el poeta Quevedo, sino el aserrín triste del recuerdo.
rafael.perezgay@milenio.com