miércoles, 17 de septiembre de 2014

Los peligros de aguantar el dolor

DOLOR. PARTE I

Este material corresponde a la reunión del Grupo del Hospital de Clínicas, del Miércoles 5 de marzo de 2014.  Se ha recopilado con la colaboración de la Sra Laura Meschinf.
¿EN QUÉ PENSAMOS CUANDO DECIMOS: “DOLOR”?

Los pacientes contestan:

  • Insoportable
  • Obstáculo
  • Intolerancia
  • Tensión
  • Irritabilidad
  • Descenso de la energía
  • Aislamiento
  • Incomodidad
  • Incapacidad de proyectar
  • Infelicidad
  • Angustia
“Insoportable”:
Esa es la finalidad del “dolor”, su función biológica, es llamar la atención, no dejarme vivir, que le preste atención todo el tiempo (analogía con el muñequito malo). Es un aviso de que algo funciona mal o se está por romper, que la función o la estructura están en peligro. Nos alerta para que lo que sea que nos hace mal no siga pasando porque se puede romper la estructura o detener la función. Si no le prestamos atención el dolor aumenta, aumenta, aumenta.
Es como la lamparita del tablero del auto que se enciende para indicar que algo falla. Si vamos al mecánico éste va a ver de qué se trata, no va a sacar la lamparita para que no nos moleste más. En cambio la gente va al médico a pedirle que “le apague la lamparita”, y eso no se puede hacer porque luego se “romperá” otra cosa.
Tomado del libro: “La Enfermedad Como Camino” (Hacer click para descargar)

“Obstáculo”:
El “dolor” quiere ser un “obstáculo”. Es como el perro lazarillo adelante del ciego que se planta para que no cruce la calle por la que pasan autos, pero la gente patea al perro y lo quita para poder seguir su camino. NO queremos entender, porque no queremos “perder tiempo”

Intolerancia / Tensión/ Irritabilidad”:
Son todas “alteraciones del humor”. El “dolor” me sustrae la atención y me deja preocupado, con angustia, no tengo resto para cualquier otra exigencia, que va a ser vivida como estrés. Muchos se quejan pero NO reconocen el cansancio. No alcanzan a comprender que si se está agotado o enfermo “no se puede hacer lo de siempre”. La persona que no se sabe cuidar insiste en lo que le hace mal.

“Disminución de la energía”:
Si me ocupo de lo anterior no me puedo ocupar del otro, quiero estar solo, para mí. Como cuando uno se engripa, necesita estar los primeros días guardadito, calentito y descansando. Mi capacidad, mis fuerzas, todo está sustraído por el “dolor”. Si el dolor se hace crónico deja de ser una alarma para ser una enfermedad en sí mismo, no es bueno, se relaciona con las alteraciones del humor y la falta de energía.

“Incapacidad de proyectar”:
Está bien no poder proyectar porque me tengo que hacer cargo de lo que me pasa aquí y ahora. El “dolor” no es un enemigo, es un amigo, un aviso que la función o la estructura están en peligro, que hay que parar. Si me enojo con el obstáculo en vez de ver qué me quiere decir, empeoro las cosas. Para poder proyectar tengo que tener esperanzas. El dolor resta esperanzas.

“Angustia”:
De “angor” = estrechez. Decimos que pasamos por un momento estrecho de la vida cuando algo nos duele en el cuerpo o en el alma.
Recibimos la enseñanza que “hay que aguantar el dolor”, esto viene desde la época en la cual lo único que había para aliviar el dolor era el opio y la gente corría el peligro de volverse adicta.
¿Qué es peor?: ¿los efectos secundarios de la medicación o los efectos secundarios del dolor?, sin duda es peor el “dolor” y si no lo tomamos en cuenta, a veces se transforma en dolor crónico o en algunos casos en “fibromialgia”.
Aunque la vejez no implica dolor se llega a ésta con dolor según la forma en que se ha vivido.
La enfermedad crónica (ej: diabetes, hipotiroidismo, y otras) acelera el proceso de envejecimiento, su respuesta a la medicación será distinta.
Quedarme quieto porque de este modo no me duele es un riesgo. Es una tendencia natural, pero si el dolor es crónico el sedentarismo no es una opción, porque luego vendrán otros problemas que sí pueden ocasionar la muerte como obesidad, diabetes, colesterol, presión alta, etc.
Es importante lo que yo haga para conocerme “a mí” (no al otro), saber qué me hace mal, qué es lo que necesito, cuáles son mis límites.
Ser adulto es entre otras cosas saber evitar lo que me hace mal.
Ver si estoy viviendo bien, porque si no,  inevitablemente tendré que hacerme cargo de las consecuencias.
Aguantar el dolor_NYTIMES
 Ilustrador: Wesley Bedrosian

LOS PELIGROS DE AGUANTAR EL DOLOR

Material escrito que fue entregado a los pacientes. DOLOR I VERSIÓN ADAPTADA de un artículo original aparecido el 04/03/2014 , en la página D7 de la edición del New York Times con el titular: “The perils of toughing it out”
“A menudo se bromea diciendo que si nada duele, uno esta muerto. El dolor no es una parte normal del envejecimiento, pero muchos adultos sobre todo mayores lo aceptan y sufren dolor crónico en silencio a un costo considerable para su Calidad de Vida. Si no se trata adecuadamente el dolor produce un círculo vicioso de disminución del estado funcional , empeoramiento de la salud en general , descuido de las condiciones tratables y de reparación, y en un sufrimiento innecesario “.
El dolor no tratado o tratado inadecuadamente es incapacitante y puede acelerar la muerte de un adulto mayor al interferir con la capacidad para hacer ejercicio, comer bien o mantener contactos sociales. El dolor persistente puede llevar a la inmovilidad , depresión, problemas de sueño, pérdida de apetito y el aislamiento, todos los cuales pueden incrementar la necesidad de atención médica costosa .
El 60 por ciento de las personas mayores que viven en casa experimentan considerable dolor, como lo hacen hasta el 80 por ciento en los hogares de ancianos. Un estudio mostró que sólo el 10 por ciento reportó no tener dolor en el mes anterior. Las causas van desde las articulaciones artríticas a la enfermedad crónica. El trastorno subyacente debe ser corregido o tratado para aliviar significativamente el dolor que causa.
Una creencia errónea de que el dolor es inevitable es sólo una de las muchas barreras a la atención adecuada a las personas mayores.
Otras creencias incluyen: la renuencia a molestar al médico o ser visto como un quejos , la preocupación por la necesidad de pruebas adicionales y el temor de que el tratamiento requiere cirugía o la medicación que podría llevar a la adicción.
Una vez que el dolor se reconoce, el siguiente reto es tratarlo adecuadamente según la edad del paciente.
Así como los niños , médicamente hablando , no son adultos en miniatura, los ancianos no son simplemente arrugadas versiones de los más jóvenes . Los cambios en la composición corporal, la función de los órganos y el metabolismo afectan a cómo una persona responde a la medicación. Función renal y hepática declinan naturalmente con la edad, por lo que para evitar los efectos secundarios tóxicos se puede requerir el uso de dosis más bajas de medicamentos para el dolor. Analgésicos potentes como los opiáceos administrados en dosis estándar pueden acumularse en la sangre de una persona mayor, causando confusión y síntomas parecidos a la demencia .
Tomar medicamentos por vía oral puede ser difícil si el flujo de saliva se ha desacelerado, si una persona tiene dificultad para tragar, o si una disminución de ácido estomacal daña la absorción.
Un medicamento apropiado se debe elegir teniendo en cuenta sus posibles efectos secundarios, las interacciones con otros medicamentos y sus efectos sobre otros problemas de salud de una persona que sufre dolor. Las drogas anti- inflamatorias no esteroides (conocidos como AINES) deben utilizarse con precaución en mayores, debido a un mayor riesgo de malestar gastrointestinal , sangrado y daño renal.
Con demasiada frecuencia , los pacientes de edad avanzada sabotean tratamiento eficaz por esperar demasiado tiempo para tomar un medicamento recetado para el dolor. Es mejor atenderlo, antes de que sea grave. Otro sabotaje es suspender el medicamento abruptamente cuando se sienten mejor. Los medicamentos para el dolor es mejor tomarlos en un horario consistente, sobre todo si el dolor es crónico.
Aunque los medicamentos son a menudo esenciales, hay otras maneras efectivas de tratar el dolor. A menudo útil,  ya sea solo o con la medicación, son terapia física, masaje, entrenamiento de fuerza, ejercicios de relajación, yoga, acupuntura, ejercicios aeróbicos acuáticos,  alternando las aplicaciones de calor y frío,  meditación, autohipnosis, e incluso escuchar música y jugar con un mascotas o niños.
El dolor articular es la queja más común entre los mayores que viven en su casa. La respuesta típica es la inactividad, que es una respuesta desacertada porque “las consecuencias de la inactividad pueden dar lugar a problemas adicionales más graves.”
En cada visita médica hable de su dolor – su frecuencia , duración e intensidad – y luego de cómo se aborda el problema”.
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