miércoles, 15 de abril de 2015

MIENTRAS LOS HOMBRES MADURAN, LAS MUJERES ENVEJECEN. Estudio sobre los prejuicios de género en el proceso evolutivo de la mujer entre 40 y 50 años

Estudio sobre los prejuicios de género en el proceso evolutivo de la mujer entre 40 y 50 años

Autora: Montserrat González García

A MODO DE CONCLUSIÓN

En 1979 la ensayista norteamericana Susan Sontag escribía su artículo sobre el doble estándar de envejecimiento en el que mientras los hombres maduran, las mujeres envejecen. La autora nos dice que el envejecimiento es el destino del hombre, algo inevitable en el ser humano. En cambio, para una mujer no es sólo su destino es también su vulnerabilidad.

¿Por qué? El hombre es sobre todo ser y hacer en lugar de aparecer como las mujeres. Las normas de apariencia son menos exigentes en cuanto a los estándares de lo que es atractivo en un hombre, se ajustan a lo que es posible “lo natural”, en cambio las normas destinadas a las mujeres van en contra de la naturaleza.

Como se juzga con criterios diferentes, se considera que las mujeres son “viejas” antes que los hombres: las canas hacen interesante al hombre mientras que en la mujer envejecen.

Y, en el umbral del siglo XXI y de acuerdo con lo expuesto en la presente investigación podemos afirmar que continuamos por el mismo camino. Vivimos en un una sociedad juvenilista y androcéntrica orientada hacia los jóvenes, en la que las mujeres tienen que luchar contra una doble discriminación: por ser mujer y por hacerse mayor.

El diseño patriarcal de la aceptación social de las mujeres incluye la juventud como requisito fundamental, la hiperdelgadez y la belleza. Exigencias que siguen marcadas por patrones de belleza de los que no ha logrado librarse la mujer después de cien años de conquista en casi todos los terrenos.

La articulación entre género y edad, estrechamente relacionados en la vida social, ha contribuido, ineludiblemente, a la comprensión de la idea de un envejecimiento asimétrico: el devenir evolutivo de hombres y mujeres se ha construido de manera muy diferente en perjuicio de las mujeres. Existe un doble rasero que los mide y los determina.

Los argumentos básicos que sustentan esta afirmación se basan en la información que hemos obtenido en las entrevistas y en los resultados del análisis de los mensajes publicitarios.

Las voces de la experiencia corroboran que socialmente los hombres ganan atractivo con la edad, están en la cima de su éxito social, mientras que y las mujeres pierden, han agotado su función social y su atractivo sexual. El cuerpo se convierte para las mujeres en un elemento clave de identidad y significación social y personal.

Las cualidades físicas definen el mito de la belleza femenina mientras que las cualidades mentales, el triunfo o el poder, independientemente del aspecto físico, alimentan el mito del hombre interesante.

La publicidad transmite unos valores que repercuten en nuestra construcción social de la realidad, en la forma de percibir nuestro entorno y de ajustar nuestra conducta a pautas preestablecidas, que tienen que ver mucho con el género. Es la encargada de transmitir y nutrir estereotipos de género.

Tal y como hemos visto en el análisis de algunos anuncios publicitarios existe un trato inequitativo y discriminatorio hacia la mujer en cuanto al devenir de los años. Ellos se muestran tal cual son, ellas precisan de retoques y arreglos para “corregir las imperfecciones de la edad”.

Incorporar la perspectiva de género como categoría de análisis en la elaboración de la investigación me ha permitido rastrear en los limitantes de los estereotipos, en los roles, en las pautas de comportamiento asignadas como inmutables y en perfecta sintonía con la normalidad para cada sexo y descubrir que la situación de las mujeres no es una situación dada por naturaleza, sino que se puede desestabilizar y empezar a modificar.

La deconstrucción de las imágenes mentales y el cuestionamiento de las creencias culturales implícitas es un trabajo lento que hay que realizar para conseguir la equidad y la igualdad entre hombres y mujeres.

Soy consciente de que el discurso masculino del que hablo sólo se refiere a la representación hegemónica de la masculinidad, es decir, a la masculinidad que en nuestra sociedad se halla más generalmente asimilada y que proporciona el modelo a muchas otras masculinidades. Queda para futuras investigaciones el estudio de otras masculinidades que no se adscriben a la hegemónica así como el análisis de los procesos evolutivos de personas a lo que se denomina sexualidades diversas (homosexuales, gays, lesbianas, transexuales, travestís, bisexuales...)

En: http://openaccess.uoc.edu/webapps/o2/bitstream/10609/15164/6/mgonzalezgarciaTFC0612memoria.pdf

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